26/8/14

Si quisiera convencerlos de algo, sería de tu presencia.


No lamentan el dolor de tu mirada al vernos haciéndonos daño con las mismas manos que nos entregaste para dar; la niegan o te responsabilizan de un silencio que interpretan como abandono, y no te conceden el beneficio de la duda que tú mismo nos das a través de la vida.

En tu libertad nos creaste, y en la nuestra destruimos el paraíso para erigir la civilización. Pudimos elegir y eso hicimos; podemos elegir y eso hacemos. Queremos asemejarnos a ti, creador, pero tú no eres productor, los que nos vemos como objetos susceptibles de mercantilización (productos, mercancía) somos nosotros.

¿Cómo podría ser que este mundo fuera lo que es si de verdad estuvieras aquí, si fueras testigo? Debe haber un responsable, causas de estos efectos. Debe ser un error en tu creación, si no ¿cómo puede ser tan posible, que es?, tendría que ser tu culpa, si no ¿de quién?

¿Inventaste tú la culpa o lo hicieron tus hijos a nombre tuyo? Te mostraste en el rostro de tus hijos predicando la caridad y el perdón, y no la represalia, pero prefieren hablar de tu muerte, a hablar de tu vida; lo llaman Cristo, en lugar de Jesús.

¿Es el castigo un capricho o una purificación espiritual que entendimos con tal nombre? Tus enseñanzas desembocaron en la crucifixión de la carne, en una corona ensangrentada que, cual advertencia pública, declaraba que el reino del polvo no es el de los cielos, que esta no es tierra de santos.

No entendieron que no eres un rey, sino un padre. No saben reconocerse hijos tuyos porque no te entienden, y no lo hacen porque no te buscan. Fuimos bautizados de manera anónima porque la vanidad no comulga con la magnanimidad; esa es de los insignificantes tan conscientes de ello que necesitan negarlo.

¿Y si no fueras?, ¿y si fueras? Pero tú no quieres decidir por nosotros, si así fuera hubieras apartado de nosotros este caliz de vivir, o nos hubieras dado el de determinarnos a la ley y no al libre albedrío. El de morir nos lleva a tu planta; si le entregaste ése a tu Hijo ¿por qué nos ofreces este a nosotros?, ¿lo apartarás cuando seamos dignos de tus ojos? Ojalá hagamos de nuestra tierra algo digno de ellos y de tu paso, para no desconocernos en vida.

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Éste que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores, es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores, triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada
- Sor Juana Inés de la Cruz -