26/9/14

Guardián de la luna, el sol, las estrellas, mi vida...


Recuerdo el temor de verte, oírte, hablarte, tocarte; es como el de quien sabe que está a punto de encontrar lo que buscaba, tan anhelado como desconocido, tan necesario como independiente, tan extraño como familiar, tan deseado como inesperado, tan increíble como cierto. Mis últimos temores no son muy distintos de aquellos.

Has venido del mundo a contarme lo que dicen tus ojos, a mostrarme los colores de los que lo vestiste a tu encuentro con él, y a vestirme con los colores de tu piel (sí, en plural n_n). He sentido las cicatrices de tu lucha con él, huellas de heridas tan profundas como asumidas, tan misteriosas como hermosas.

Nos dejas vernos, te aferras conmigo a esa posibilidad. Siento cómo nos apostamos; no volveremos a ser los mismos después de nosotros, de los que fuimos hoy, de los que hablarán los de mañana. Para mí ya no hay después, sólo presentes esperándonos.

Nos siento, los momentos en que nos damos cuenta, en que se develan respuestas a preguntas que no nos atrevimos a hacer porque no hubo espacio para creer que éramos posibles. Nos siento afirmándonos, procurándonos la vida. 
Siento la fuerza de tu confianza en que sabrás qué hacer contigo cada vez, como si tuvieras la vida qué ganar; en ello me llevas contigo. Cómo no voy a querer vivirnos siempre, cuando me abriga el techo caluroso de tu cuerpo, cuando vivo de conocernos, para verte, de encontrarme en tu canto.

Mi cuerpo no tarda en alcanzar a mi mente cuando se abalanza sobre ti, a decir-te de todas las formas que reconoce posibles y a recurrir a otras tantas para hacerte -y hacerse- justicia; logra, también, decir-me para ti. No sé qué te digan pero sé que es la verdad, y que la reconocerás porque no temes encontrarte con ella; al ser tan cierto y esperar e invitar a los demás a que experimenten la sencillez de su belleza, no puedo resistirme a dedicarte la mía, como todo lo que implica mi rostro, nombre, cuerpo, vida... ahora sé que son nuestros.

2 comentarios:

Humberto Dib dijo...

Sensual y bien escrito.
Un abrazo.
HD

S. dijo...

De un encuentro puede resultar todo un universo.

Besos

Éste que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores, es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores, triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada
- Sor Juana Inés de la Cruz -