4/10/16

Tan sincero como la esperanza que Dios mandó a los pueblos del mundo


No sé cómo logran cantar esas que reviven en canciones. Yo no podría compartir cada noche las historias de mi vida, no soportaría verlos pasar a través de la desesperación de mi garganta y de unas palabras que ya no los alcanzan. Quizá les resulta terapéutico como quien es capaz de procurarse un exorcismo, pero yo no puedo; quizá por ello me escondo detrás de este espacio en blanco que no me contiene aunque no me amenace con la presencia de nadie... pero sí me enfrenta a lo que siento, a lo que sí pudo ser, que es este momento en el que nuestra presencia se da en razón de ausencia, de nostalgia, de impotencia porque ya no pudo más... Pero sí pudo lo que siento y lo que soy gracias a todo lo que fue. Algunas veces lamento sentir tanto, pero siempre logro tener presente que no lamenté todo lo que extraño, eso por lo que hoy siento tristeza. Las oigo cantar y las veo gritar, susurrar o romper en llanto y no puedo evitar preguntarme cómo es que alguien puede contarle eso a otros tantas veces sin morirse de tristeza. ¿Será una especie de suicidio vivir así? Yo temería que me oyeran, que supieran todo lo que no les dije, lo que siento actualmente, porque así, en distancia, por lo menos puedo guardarle fe a las posibilidades de que crean que no valía la pena... No quiero decirles que a pesar de que merecía la pena, nos fuimos. Pero tan la mereció, que nos vivimos y soy capaz de compadecer a aquellas que han amado y dicen lo que yo no digo, en público como yo no podría porque mi desahogo no amerita el riesgo de arrojarlos dentro de mis arranques... Lamento mucho que escriban y canten así esas canciones porque reconozco ese dolor y, aunque no se lo desearía a nadie, no hay ninguno que merezca más ser vivido y c@ntado.


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Éste que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores, es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores, triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada
- Sor Juana Inés de la Cruz -