12/12/13

There's a possibility...

"Los dos extremos de un mismo ser son la memoria y el olvido"

Que tus años sean dulces
y si son amargos que sean, al menos,
una calamidad llevadera.
Te deseo recuerdos con nostalgia, porque quizá esa sea
la única prueba de que el tiempo ha sido bueno
y de que hemos querido.
Espero que las horas pasadas no se paren delante de ti
como signos inamovibles en su pesado remordimiento.
Que la insolente noche te desnude con caricias y el crudo día
te venga con esperanzas nuevas.
Espero que encuentres el ocaso, ese innombrable,  
con un sueño palpitándote en las venas,
y mi imagen ya lejana.
Te deseo mi olvido,
como el último acto valiente que cometeré por ti.
Yo también recorreré tu intrincada disolución,
como ahora en estas palabras, y en estas calles,
donde aprendimos a no olvidarnos,
y que ahora se extienden a ambos lados del camino,
como las alas de un ángel
que baja al mundo
y aprende a caminar.

El único que sabe mi nombre es Dios, ni siquiera "yo"; ¿porqué habría de pretender que por recordar sus nombres tengo derecho a nombrarlos? Los llamaré, sin duda, pero no sé con quiénes se encontrará mi voz. 
¿De quién será el oído que tropiece con la que soy hoy cuando hablo, cuando nazco una vez más después de haber sido repercutida, afectada por los días en los que no nos conocimos?, ¿he de suponer que asociarán mi nombre y piel con la que conocieron, con la que llamaron días atrás, años atrás? 
Parece que yo he hecho eso, que he esperado que los rostros y nombres a los que acudo hoy no estén en deuda con lo que recuerdo que muchas veces implicó el conocernos, cada vez; que sean muchas veces no quiere decir que sean todas... y cada día de vida implica un compendio de variables y posibilidades de las que no sé (como quizá tampoco ellos).

Qué importante parece el olvido, el "borrón" de significaciones que solemos dar a algo o a alguien para tenerlo "por cierto", como algo cerrado, sujeto a intervenciones que -sin embargo- no lo modifiquen sustancialmente. Si cuando nos conocimos nos afectamos mutuamente, los intervenimos y nos intervinieron, ¿porqué habría de partir de una premisa tan estúpida como esa de que sus ojos sabrán decirme lo que ya sé? sé poco, y ese poco puede ser nada si no abarca lo que me hizo volver ahí, a ese lugar al que quizá llegué a llamar mi hogar. 
Comprendo porqué quiero "volver", porqué pretendo regalar mis días a los motivos por los que vivo y que me encarnan cada día, pero quizá precisamente la forma de agradecerles sea haciendo lo mejor que pueda con lo que me enseñaron era posible (tanto en otras personas como en mí). Igual y esas casas que me cobijaron y me enseñaron a salir al mundo aún existen pero son distintas, ofrecen -y yo soy capaz de ofrecerles- algo que ya no nos promete calor como muchas veces hallamos el uno en el otro. 

Creo que todo es capaz de ofrecernos la posibilidad de "saber" algo que uno -por sí sólo- nunca hubiera concebido, y entonces cuando nos encontramos (lo uno con lo otro) nos afectamos y no nos queda más que dar a luz algo nuevo, pues nunca antes se vio enfrentado "quienquiera que somos" con eso con lo que "chocamos". El "error" está en suponer que tenemos idea de qué o quién es ese "otro" con el que nos encontramos...

Al hacer y decir partimos de nuestra manera de pensar, y afectamos de esa manera a otros (es inevitable, coexistimos, es decir, "somos" en relación a otros), violentando el orden de las cosas. Cada "manera" habla de nosotros, de lo que nos reconocemos capaces como personas, y si al hacerlas públicas presentándonos ante los otros, no sólo las desconocen sino que se muestran en desacuerdo con ellas, tienen derecho a decirlo sin que por ello desacreditemos su manera de pensar, faltándoles al respeto. Creo que si no nos ponemos en cuestión, además de mostrar nuestra soberbia nos limitaremos a desconocer lo que el otro tiene por decir. En ese caso no podría culpar a otro si decide renunciar a la posibilidad de un nuevo "reencuentro", a no aceptarme como agente de su cambio personal, al igual que no podría culparme si decido no aceptarlo.

Dios sabe todo de mí, por ello puede hacer un juicio sobre lo que soy (de acuerdo a sus criterios y conociendo los míos); yo no sé todo de nadie, ni siquiera de los que veo a diario, pues no sé qué cielo y qué infierno se halle en sus adentros. Por ello no creo que nadie cuente con la posibilidad de ser juez; es una lástima que muchos partan de la premisa de que pueden concebirse y actuar como tales aunque sepan las cosas "a medias". Yo no, y si se cree o se me juzga de tal forma diré algo al respecto, pero no hay más que pueda hacer.

Si me explico no es porque sienta la necesidad de justificarme con nadie, sino porque quiero abrir un acceso a mi cabeza, ofrecer lo mejor que creo (según lo que he podido experimentar). Si creen que explicarme supone enaltecer mi forma de pensar, quizá estén confundiendo mi "exposición", con un monólogo sordo ante las perspectivas ajenas; como quien oye la exposición del otro y no ofrece su perspectiva aunque sea distinta "por respeto" (respetar es considerar en serio, no "darles por su lado", justo como si considerarlo no valiera la pena), o como quien dice al otro que si no van a quedar en "lo mismo", mejor no discutirlo. Lo que quiero es salir de mí, reformularme y reformular, no usar "lo otro" para confirmar "lo mío" y "ganar". Creo que el amor nos dispone a conocer, a considerar, pero muchas veces me equivoco...


Cada vez que diga "adiós" me olvidaré de ellos y esperaré que me olviden, volvamos a llamarnos o no... 
Me bastará aparecernos en el espejo

Creo que hay constantes en cada uno de nosotros, y si somos afortunados los demás sabrán verlas, recordarlas y tomarlas en cuenta sin que eso implique expectativas o "tener por cierta" tal o cual cosa. Creo también que si valoramos las cualidades de los demás, lo haremos igualmente, a nuestra manera (si les viene bien a los demás, "bienvenidos sean", y si no, siempre pueden irse y recordar lo que consideren valioso). A fin de cuentas estaremos repercutidos. 

1 comentario:

Eli Cascab dijo...

Tienes un blog precioso...
Besos :3

Éste que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores, es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores, triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada
- Sor Juana Inés de la Cruz -