21/9/14

El planeta de los hombres


Nos autoproclamamos encarnación del éxito de la existencia. No regimos el orden de las cosas pero lo regulamos, reglamentamos las formas legítimas de existencia; las que estén al margen de nuestros términos no tienen derechos, su naturaleza es la de estar susceptibles a la violencia de nuestra negación y conquista próxima ("el que lo encuentra, se lo queda"... ¿qué les da derecho a vender los bienes territoriales?, por ejemplo, ¿quién se puede autoproclamar dueño de las tierras?).

Basta que el juez tenga noción de una expresión vital que escape a sus lineamientos interpretativos, para acusarla de ilegítima; nada tiene derecho a existir en nuestro mundo sin nuestro permiso. La carcajada del astronauta perdido en un tránsito espacio-temporal resuena con cada espectacular, azota en los rincones donde hay sitio para un anuncio de coca-cola. La inmensidad del cielo y el mar hace eco, simbrando la tierra y diciéndonos que las referencias de las eras son nuestras, pero ellas mismas no. "El que ríe al último, ríe mejor".

Nos entendemos por la palabra, y lo que es poder de comunión se ha entendido más como uno de escisión, de jerarquizacion. Latinos, anglosajones... bendita expresión de racionalidad, nos permite justificar las contradicciones y pasiones que evidenciarían ese afán de dominio que nos tiene hablando de progreso, de avance, de que unas comunidades "alcancen" a otras en el desarrollo humano que proclaman.

La línea trazada por el Sujeto, el de existencia legítima... resulta sospechoso que se haya puesto a él mismo como modelo, y tan ridículo como un lémur autoritario que, autoproclamado rey, no se olvida de distinguirse de lo que no lo alcanza, lo que está destinado a seguirlo si es que no quiere comprometer su seguridad... los fosa son la menor de las amenazas de destrucción. Pero tendremos cuerpo, y será bien recibido todo aquél que esté dispuesto a someterse a los términos de la "normalidad" vigente; que se dé en función del estado de cosas actual; que no se pueda entender como amenaza, o la comunidad gritará asustada pidiendo su crucifixión.

Nos queremos dependientes, a expensas de lo que pudimos haber sido -de haber tenido disposición de cambio. Nos queremos a nosotros mismos, aunque nos demos en función de otro, aunque no nos pertenezca la vida; pagar con la vida nuestro derecho a vivir... seguir siendo a pesar de lo otro, de nosotros, de la vida.

Sembrar, hacer nacer, dar a luz... ¿para qué?, ¿a beneficio de quién y con qué derecho? Porque podemos, porque nos dieron vida en este orden de cosas en el que somos y nos hacemos de propiedades. Es histórico, no ontológico, es decir, hay contingencia (libertad), esto no es natural (necesario). A dar a luz, entonces.

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Éste que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores, es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores, triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada
- Sor Juana Inés de la Cruz -